A mi abuela muerta, ni tan muerta

Autores/as

DOI:

https://doi.org/10.7773/rece.202311.11

Resumen

Josefina, no sé si te quiero, porque aprendimos que el afecto se corpora-liza, se deposita en la otredad. Aunque vi tus huesos, no supe como apreciarlos, porque también aprendimos a querer rostros, ciertas formas definidas que nos causan familiaridad o cercanía. ¿Cómo puedo quererte si no conocí tu abrazo, tu sonrisa o tu severidad? Luego veo tus fotografías, así que eras menudita; de cabello rizado, oscuro y corto; de ojo verde; de manos curativas. Esa pista me la dio mi padre, porque me contó que aliviaste con hojas de “lengua de vaca” el dolor de espalda de don Roberto Zamora y en agradecimiento, él les indicó el sitio exacto para cavar el pozo que hasta la fecha no se ha secado. Dicen mis tíos, mi madre y mi abuela que eras culta, porque leías tanto y porque no había tema que te resultara desconocido. ¿Cuántos libros habrán pasado por tus ojos y tus manos? Ya que terminabas obras completas en dos o tres días, yo creo que por eso tenías noción de mu-chas cosas

Descargas

Publicado

2023-10-20

Cómo citar

Escobar Paniagua, J. M. (2023). A mi abuela muerta, ni tan muerta. Cultural-e, 1(1), 1–3. https://doi.org/10.7773/rece.202311.11

Número

Sección

ARTÍCULOS DE DIVULGACIÓN