La frontera es una vieja amiga
DOI:
https://doi.org/10.7773/rece.202641.61Palabras clave:
Frontera, México, CrónicaResumen
Nací a una cuadra de la frontera con Estados Unidos, en un pequeño y modesto hospital. Obviamente no lo recuerdo, pero estoy seguro que la habitación del sanatorio donde me recibió mi madre tenía una ventana hacia el muro que divide Mexicali, Baja California de Calexico, California. Mi primera relación con la frontera, fue la del paisaje. El muro es parte de un paisaje que me es familiar, cotidiano. No es raro para mi ver una estructura de acero que se yergue 9 metros de altura, y entre sus columnas se divisa un pequeño pueblo con dinámicas muy similares a las de mi ciudad. Las calles de Mexicali, continúan hacia Calexico. El asfalto se prolonga hacia Estados Unidos, una calle transfronteriza que es atravesada por postes de acero anclados en cemento. Del lado mexicano frente a la estructura metálica, se puede ver un obelisco de piedra y cemento marcado con el número 220 y la leyenda “Límite de México y Estados Unidos”.
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Derechos de autor 2026 Christian Alonso Fernández Huerta

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